Mientras escribo este post y retomo el compromiso de rellenar las páginas de este diario virtual, mis alumnos están lidiando con cinco temas sobre las Cartas de San Pablo. Es su examen final, para algunos es uno de los últimos. En nuestro inconsciente colectivo existe la creencia vana de que la vocación religiosa y sacerdotal viene a ser algo así como un estado de gracia espiritual, un aura que uno posee y que se puede más o menos distinguir con una mirada atenta. Vuelvo a mirar a mis chicos y os aseguro que ninguno de ellos está escribiendo su examen movido por un espiritu divino que les dice qué decir o cómo responder a mis cuestiones. Si te soy sincero, creo que alguno tiene serias dudas de que el mismo San Pablo pudiera responder correctamente a algunas preguntas. Entonces, si no están tocados de un aliento divino especial, de una gracia que los santifique por encima de los demás mortales...¿en qué consiste su vocación y su llamada? No es una inteligencia ni tan sólo una caridad ...